martes, 14 de mayo de 2013

Desde Carrión de los Condes



Martes, 21 de julio de 2009.

Carrión de los Condes-Terradillos de los Templarios (26 km.)

Quiso hacer una etapa larga, pero la monotonía del paisaje, el calor y el decaimiento físico pudieron con él. Los primeros 17 kilómetros (Calzadilla de la Cueza) fueron interminables, sin nada apreciable que disfrutar por el camino; sólo páramos, llanuras. Para colmo de males empezó a hacer calor.
Los 6 kilómetros hasta Lédigos fueron un tormento, gran malestar físico, y los restantes dos kilómetros hasta Terradillos casi le vuelven loco. El decaimiento físico era extremado y en esta localidad ya estaba reventado.



La cena de las monjas de la noche anterior le había caído como una bomba y además, tenía la piel enrojecida en tres puntos diferentes debido a picaduras de mosquitos. Hace una parada para tomar un café en una especie de chiringuito que alguien se tomó la molestia de montar en la travesía de los diecisiete kilómetros desolados. Más tarde paró en una zona de descanso, en solitario, a la hora de más calor del día. Bajo la sombra de un árbol, en un lugar ventoso. No pasaba nadie. Comió un albaricoque, una natilla con galleta y dos magdalenas rellenas de chocolate. Seguía el malestar.




        El albergue Los Templarios es una delicia. Muy limpio, moderno, habitaciones con cuatro literas dobles y baño interior. Salón-bar. Servicio de internet gratuito. Comparte con dos extranjeros, un hombre que cuando saluda parece que lo hace forzado. Se le nota ensimismado y poco dado a la charla. Y una chica joven que parlotea algo el español. Lo primero que hizo fue darse una ducha para borrar el cansancio acumulado. Dio de vientre, por segunda vez en el día. La primera vez fue al alba, antes de salir de Carrión. ¡vaya con la cenita de las monjas!. Sale a la parte trasera y exterior del edificio donde lava su ropa. Hace un fuerte viento y tiene que tender en el suelo, sujetando las piezas con algunas pequeñas piedras que tablas.
A las 14:30 se va a descansar. Mientras dormía, fue despertado por dos llamadas.  Resuelve los problemas de ambas. Sigue durmiendo y despierta más tarde, sobre las 17:30.
No había almorzado. Al llegar sólo bebió agua y una coca cola muy frías. Por la noche tomó un bollo y café con leche. Seguían las dificultades de estómago.
Cuando va a recoger la ropa se percata que ha perdido las plantillas que necesita para caminar bien, sin dolor. Vuelve a la habitación y busca desesperado. La chica le observa y pregunta qué le ocurre. Las encuentra en el fondo de la mochila. Agradece que se haya interesado.
Se encuentra con Javier, el del matrimonio de Tarragona. Debe haber dejado a su mujer descansando. Tiene aspecto tristón. Quizá haya discutido con ella, pues es la primera vez que le ve solo.
       Mientras hace tiempo para la noche se sienta en la terraza y observa el movimiento de las demás personas. Oye el acento natal y tiene la ocasión de charlar con un paisano  que viene con otros dos. Son unos puretas, politiquillos. Al rato, sale a dar un paseo para conocer y fotografiar algo del pueblecito. Está muy deteriorado, las casas son de adobe y muchas de ellas en estado lamentable.